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  • Karina Sánchez

¿Qué necesita tu perro de ti?


¿Alguna vez has volteado a ver a tu perro y piensas que nunca has sentido un amor más grande que el que sientes por él?


Empiezas a jugar a la pelota, lo abrazas y corres tras él, no hay momento más increíble.


Pero la magia se termina cuando de repente debido a la euforia, brinca sobre ti y trata de morderte la mano, te enojas y gritas un NO rotundo.


Él baja la cabeza y la cola, y pone esos ojitos tristes que te rompen el corazón.


Completamente arrepentido, tratas de llamarlo, pero tu amigo peludito ya no se acerca a ti y entonces te preguntas.


¿Cómo puedes crear una experiencia de juego agradable para los dos?


¿Cómo puedes controlar que tu amigo no sea tan impetuoso?




Antes tienes que saber algo…


El control en las acciones de tu perro no ayudarán a controlarlo.


Parece contradictorio, ¿no?


Pues no lo es, la cabeza de tu perro funciona diferente a la nuestra, el hecho de que no haga lo que tú creas que es correcto, es porque en su mente no tiene lógica.


Volvamos a la situación anterior, pero viéndola desde la perspectiva de tu perro.


Ya consiguió captar tu atención y aparte tienes un juguete, el cual, lo asocia a algo divertido. Además, esta al pendiente de tus expresiones, te ve feliz, corriendo y jugando, él sigue el juego pensando que todo está bien.


Y llega el momento en el que tienes la pelota, tu amigo perruno para seguir el juego tratará de quitártela, pero…él no tiene manos, no puede arrebatártela, así que usa su hocico para que ahora pueda tomarla y seguir jugando.


Sin aviso, ve que tu expresión cambia completamente, ¿Qué pasó?, se pregunta, seguido de tu grito que lo desconcierta.


No entiende la situación, ¿Por qué estas tan enojado? Se siente mal porque él sólo quiere verte feliz y estar a tu lado.


De repente te vas y él se queda triste sin entender en que se equivocó.


¿Ves a lo que me refiero?


La situación se ve diferente si lo ves desde otro ángulo, y no te culpo, los humanos estamos acostumbrados a pensar que todos piensan igual que nosotros.


Pero quieres que tu perro también sea feliz, ¿no? Para eso sólo hay un camino.



El vínculo del que pocos saben.


Sabías que durante toda nuestra vida buscamos crear vínculos afectivos con otras personas.


Somos animales sociales que siempre buscan pertenecer a un grupo.


Lo mismo pasa con los perros, buscan crear relaciones sanas con los animales que están dentro de su entorno, incluyéndonos nosotros.


Y como muchos sabemos, este tipo de vínculos sólo se dan cuando hay ciertos sentimientos como amor, confianza, respeto, lealtad, etc.


La mayoría de nosotros huye de personas que son irrespetuosas, violentas, frías, desleales, etc.


¿Por qué tu perro no huiría de personas así?


Ten en cuenta, que el circulo social de tu perro eres tú y tu familia (incluyendo, en algunos casos, otros perros que viven en la misma casa).


Él crea un vinculo con cada uno de los integrantes de su entorno, y ¿Adivina quien decide si ese vinculo es afectivo o destructivo? Tú.


Tú tienes el poder de crear una relación como la que todos soñamos: amorosa, respetuosa y llena de confianza.


Imagina esa relación como una botella de monedas, cada vez que te pones en el lugar de tu perro y tienes la paciencia para pedirle las cosas, sumas una moneda.


Pero, así como sumas también se puede restar, imagina cuantas monedas se retiran cada vez que le gritas, te desesperas y manoteas, ¡Cómo 100!


Tú tienes en tus manos, el poder de que ese vínculo con tu perro, que es tan importante para los dos, este lleno o vacío.



Y...¿Cuál es la clave de la felicidad?


Me vas a decir, muy bonita tu reflexión, pero cómo hago que mi perro me haga caso: La clave es paciencia.


Es común, a meses de haber nacidos nuestros perros, ya les pidamos que hagan del baño en cierto lugar, no ladren, no se suban al sillón y den la patita.


Espérate tantito, imagina que nos hubieran pedido lo mismo a esa edad, seguro estaríamos quejándonos de adultos diciendo que nuestros papás nos exigían demasiado.


Es exactamente lo mismo para los perros, por ejemplo, si quieres que haga del baño en cierto lugar, enséñale constantemente y si lo vuelve a hacer donde no quieres, respira profundo y enséñale otra vez, no lo subestimes, no es un perro necio ni tonto, sólo esta aprendiendo a su ritmo.


Es lo mismo en el juego, así que, la próxima vez que estés jugando con tu perro de lo más alegre, y este intente morderte la mano, respira profundo y dile “no me muerdas” y cambia tu mano por la pelota, veras que no te muerde otra vez.


No parece tan sencilla la solución que te doy, pero trabaja con tu amigo peludito un día a la vez y verás, cuando menos lo esperes la botella estará repleta de monedas.

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